Las redes de apoyo para construir juventudes plenas
Crecer también implica atravesar momentos de incertidumbre, tomar decisiones y enfrentar dificultades. En ese camino, contar con alguien que escuche, acompañe o brinde orientación puede marcar la diferencia. A veces, ese apoyo viene de la familia o las amistades; otras, de un profesor, un líder comunitario o una institución que abre espacios para conversar y encontrar nuevas posibilidades.
Las redes de apoyo hacen parte de la vida cotidiana y cumplen un papel importante en el bienestar de las juventudes. No se trata solamente de tener muchas personas alrededor, sino de construir vínculos en los que existan confianza, seguridad y la posibilidad de expresar lo que sentimos sin temor a ser juzgados.
Así lo explica Giovanny Manco, psicólogo clínico y gestor territorial de la Secretaría de Paz y Derechos Humanos, quien señala que las relaciones significativas y los espacios comunitarios pueden brindar validación emocional, disminuir el aislamiento y ayudar a afrontar situaciones de estrés. También pueden convertirse en referentes que orienten a las juventudes y fortalezcan su autonomía.

Personas que acompañan y dejan huella
Cada vínculo cumple una función en la vida de los jóvenes. La familia suele ser el primer espacio de socialización y seguridad afectiva. El acompañamiento, el afecto y una comunicación basada en el respeto permiten construir confianza para compartir experiencias.
Las amistades también ocupan un lugar importante durante la adolescencia. Compartir intereses, conversar sobre lo que les pasa y sentirse parte de un grupo contribuye a construir identidad, pertenencia y autonomía. En estos vínculos también se aprende a escuchar y reconocer las diferencias.
El colegio es otro escenario fundamental. Para Giovanny, el papel de los docentes va más allá de transmitir conocimientos. Pueden convertirse en figuras de confianza, identificar situaciones de vulnerabilidad y contribuir a que las instituciones educativas sean espacios seguros.
A estos vínculos se suman los líderes y actores comunitarios, quienes generan alternativas para el uso del tiempo libre, promueven la participación y acercan a las juventudes a experiencias culturales, deportivas y de liderazgo. Estos espacios permiten descubrir intereses, desarrollar habilidades y fortalecer la relación con el territorio.
Escuchar también es una forma de acompañar
No siempre es fácil reconocer cuándo un joven necesita apoyo. Algunos cambios hacen parte de las transformaciones propias de la adolescencia, pero otros pueden indicar que está atravesando una situación que requiere atención.
Entre las señales que menciona Giovanny están el aislamiento repentino, dejar de participar en actividades que antes disfrutaba, los cambios drásticos en el comportamiento o el rendimiento académico, las alteraciones importantes del sueño o el apetito y las expresiones frecuentes de desesperanza o desvalorización personal.
Frente a estas situaciones, recomienda acercarse desde la empatía y evitar interpretar lo que ocurre como una simple rebeldía o una llamada de atención. En lugar de minimizar lo que sienten, es importante validar sus emociones y ofrecer compañía. Expresiones como «aquí estoy», «te escucho» o «puedo acompañarte» pueden abrir la puerta a una conversación necesaria.
Las redes cotidianas de confianza, sin embargo, no reemplazan el acompañamiento profesional cuando una situación lo requiere. Por eso, también es importante conocer los servicios de orientación disponibles para las juventudes y sus familias.

Una red que también se construye desde el territorio
Desde las instituciones públicas y los procesos comunitarios se generan otras posibilidades de acompañamiento. En la Secretaría de Paz y Derechos Humanos, el trabajo territorial incluye espacios de participación, mesas juveniles, formación en derechos humanos, resolución pacífica de conflictos y escuelas de liderazgo. Estas iniciativas buscan que las juventudes expresen sus ideas, participen en las decisiones públicas y se reconozcan como protagonistas de la construcción de paz en sus comunidades.
Por su parte, Medellín Te Quiere Saludable desarrolla acciones en los entornos educativo, comunitario y hogar. Según explica Ingrid, profesional enlace del programa, estos espacios acercan conversaciones sobre salud mental y emociones a distintos escenarios de la vida cotidiana. También se realizan jornadas comunitarias y acompañamientos en los hogares cuando se identifican situaciones que requieren atención.
En la Comuna 9, uno de los dispositivos disponibles son los Escuchaderos, espacios en los que profesionales de psicología brindan orientación. De acuerdo con la información compartida por el programa, estos puntos se encuentran en la Casa de la Cultura Ávila, la sede Juan Pablo II, el Centro de Desarrollo Social de El Salvador, la Junta de Acción Comunal de Loreto y la estación Oriente del tranvía, que también atiende a población de la Comuna 8.
Durante el encuentro también se mencionaron la Línea Amiga, en el número 444 44 48, y la línea 106 como canales de orientación en salud mental. Estos servicios amplían las posibilidades de acompañamiento cuando las personas necesitan hablar con un profesional o buscar atención.
Las redes de apoyo se construyen en los vínculos cotidianos y también en los espacios que ofrece el territorio. Reconocer a quién acudir, dónde encontrar orientación y qué oportunidades existen puede ayudar a que las juventudes no tengan que afrontar solas las situaciones que atraviesan.






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